jueves, 5 de octubre de 2023

DELICIOSO OJO POR OJO

EL JUSTICIERO 3: CAPÍTULO FINAL
(The Equalizer 3)
2023. Dir. Antoine Fuqua.

         Lo que ya es el cierre de una trilogía apasionante, nos remite al tono del género del oeste. Tenemos al forastero que llega al pueblo, amenazado por una banda criminal, para convertirse en su defensor. En este caso, reencontramos a Robert McCall (un orgulloso, calvo, maduro Denzel Washington) en un viñedo siciliano, donde ha realizado una masacre de traficantes de droga. Resulta herido, y es trasladado a la casa del doctor en una villa costera cercana a Nápoles, donde comienza a recuperarse. Atestigua que los habitantes del lugar están siendo extorsionados por una banda que llega en motocicletas para golpearlos o quemarles sus propiedades. McCall tendrá que tomar acción.

         Mismo guionista y realizador que cumplen con la coherencia narrativa y el ritmo adecuado. Si en la primera cinta McCall, exagente FBI, ahora empleado en un gran almacén, se lanzaba contra un explotador de mujeres, en la siguiente secuela partía a resolver un crimen en Bruselas, mientras una de sus excompañeras era brutalmente asesinada en Boston, por lo que tenía que encontrar al culpable para llevar a cabo el magnífico y satisfactorio “ojo por ojo”, esencial en estas cintas, para que se cumpla como el título promete, la justicia.

         Esta siguiente, y última, secuela inicia con el justiciero enfrentando al cabecilla para mostrar, de manera efectiva y veloz, sus técnicas de supervivencia. Una bala inesperada lo llevará a un lugar donde la convalecencia le permitirá disfrutar de la paz y tranquilidad, de la amabilidad, del ambiente paradisiaco (que como espectadores aceptamos por convención: los pueblos europeos son una delicia). La perfecta construcción del guion nos va adentrando en los hechos precedentes, además de incluir una relación que el propio McCall establece con una agente de la CIA, Collins (Dakota Fanning), para seguir con una de las variables de la serie de televisión que dio lugar a estas extensiones cinematográficas: el justiciero tiene relación con un representante de la ley que le solapa irregularidades y con quien colabora en las soluciones de los casos que investigan.

         Por eso, “El justiciero 3” desconcierta inicialmente. Uno no imagina que el héroe sea atacado, ni se muestre vulnerable. Los hechos en el viñedo no tendrán mayor explicación hasta casi la mitad de la cinta, para luego ir conectando cabos sueltos, como ocurre con la banda extorsionadora, la mafia siciliana, la agente de la CIA. Lo que siempre resulta alentador es que McCall se transforme de ciudadano tranquilo y consecuente, en bestia de sangre al atacar a los villanos de la trama. Estos personajes sufren antes de llegar a su exterminio: si la cinta predispone al espectador contra el malvado por su cinismo y crueldad, le ofrece gratificación al desechársele como cualquier alimaña, pero lentamente.

         Por otro lado, hay cierta aura de nostalgia y romanticismo al ver reunidos nuevamente a Denzel y Dakota reunidos luego de aquel “Hombre en llamas” (2004, Tony Scott), cuando ella era pequeña,
con apenas diez años, ahora una mujer casi treintañera y Washington casi septuagenario. Y por su parte, esta es la quinta colaboración entre el extraordinario Antoine Fuqua y Washington (quien ganara su Óscar como mejor actor por “Día de entrenamiento”, en 2001, su primera cinta en conjunto). Y vuelvo a mi comentario inicial del tono de cinta del oeste: no olvidemos que Fuqua dirigió “Los siete magníficos”, en su segunda versión, donde la esencia de estas cintas ya estaba presente, donde se confirma que los verdaderos directores filman la misma película siempre, de una u otra manera.

El director Antoine Fuqua



martes, 15 de agosto de 2023

JUGAR CON LA AVENTURA

MEGALODON 2: EL ABISMO
(Meg 2: The Trench).
2023. Ben Wheatley.

         En 2018, cuando se estrenó la cinta original, dirigida por Jon Turteltaub, escribí lo siguiente en mi reseña: “No se requiere mucho espacio ni disertaciones que busquen mayor sustancia a esta cinta cuya premisa elemental es la compasión por el prójimo, la ayuda mutua, el sentido de rescate en situaciones peligrosas que usualmente nos predican las cintas espectaculares que muestran desastres épicos”. Y no hay que darle mayor vuelta a esta primera, brillante, secuela, donde el rescatista Jonas (Jason Statham, carismático e indestructible) retorna ahora, para ser víctima, junto con su hija (ya crecida en interpretada por la misma Sophia Cai), y otros de sus compañeros, de la ambición y la avaricia extremas.

         Al inicio de la cinta, Jonas se encuentra en un barco que tira residuos tóxicos al mar, por lo que habrá un enfrentamiento y una primera mirada al aspecto heroico del personaje. Luego, retorna a su anterior trabajo, que implica la investigación de aguas profundas donde se supone que todavía viven los tiburones prehistóricos. Ahora, ocurren dos cosas: la hija de Jonas se introduce como polizón en la nave exploradora, además de que se descubre una mina ilegal que obtiene metales raros que valen billones de dólares en el mundo terrenal. Hay un accidente, se descubre que todo es parte de una conspiración y entre la tripulación investigadora, muere la mitad y la otra deberá de buscar la supervivencia, y hasta aquí la primera parte de la película. Luego, entrará en otra fase, ya en el exterior, donde llegarán, por un agujero provocado en el fondo del mar, los animales de tiempos cretácicos.

         Aparte de ese sentimiento de familia, ahora, un personaje principal es el cuñado de Jonas, Jiuming (el simpático Wu Jing), además de que reaparecen los colegas del personaje que conocimos en la cinta anterior: Mac (Cliff Curtis) y DJ (Page Kennedy), tenemos el sentido del humor. La cinta se divide, como he comentado, en dos fases: una más solemne, bajo el mar, plena de peligros y situaciones cuasimortales; la segunda es al aire libre, en una isla de recreo, con turistas y comodidades, a las cuales llegarán las amenazas inesperadas.

Cintas previas del maestro Wheatley:
"El rascacielos" (2015), "En la tierra" (2021), "Rebeca" (2020)

         Uno se pregunta el motivo de que Ben Wheatley, haya aceptado este proyecto, luego de dirigir la alegórica representación de la sociedad de consumo que va hacia su extinción en “El rascacielos” (2015, High-Rise) o su visión desesperada ante la pandemia en “En la tierra” (2021, In The Earth), donde una sociedad afectada por un terrible virus llega a una mezcla de ciencia y fanatismo religioso para implorar por una salida del mal (y donde se expresa la frase “la gente olvidará, nadie recordará”, que es lo que sucede en nuestros días: tal parece que la pandemia nunca ocurrió). También Wheatley fue el creador de la relectura de “Rebeca”, en una insípida versión de 2020. Y uno encuentra la respuesta, al término de esta película: Wheatley se divierte, conoce los elementos del género y los reanima: Statham casi cayendo en los dientes del megalodón nos recuerda a “Tiburón”. Los reptiles prehistóricos traen a la memoria los mortales, aparentemente inofensivos, pequeños depredadores de alguno de los “Parques Jurásicos”.

         Wheatley juega con las convenciones de este tipo de cine y Statham es el mejor representante del héroe terreno, sin poderes sobrenaturales, pero que puede utilizar la hélice de un helicóptero para amenazar a un gigantesco tiburón, o hacernos creer una absurda teoría para evitar la presión del agua. Lo mejor de estas cintas es cuidar la ligereza con el toque de humor que haga que el espectador se sobresalte y espere el siguiente zarpazo o la terrible mordida (o la apertura de una puerta automática para dar entrada a los reptiles carnívoros y su festín de mercenarios). La mayor satisfacción reside en los castigos que reciben los villanos. Y como en todas las películas del género, después de la tempestad llega la calma absoluta, como si nada hubiera sucedido.

El director Ben Wheatley



miércoles, 26 de octubre de 2022

ESTEREOTIPOS GAY

 

BROS: MÁS QUE AMIGOS
(Bros)
2022. Dir. Nicholas Stoller.


         Bobby (Billy Eichner) tiene un popular podcast donde predica que el amor no existe, mucho menos entre la comunidad gay. Aparte, es el director del Museo de la Historia LGBT+, próximo a iniciar actividades. Una noche, en un bar, conoce a Aaron (Luke Macfarlane), quien es abogado. Ambos tienen en común tanto prejuicios como la consigna de no comprometerse. Sin embargo, empiezan a salir y a disfrutar de su compañía mutua, pero surgirán problemas.

         Se hizo mucha propaganda previa al estreno de esta cinta ya que se le consideraba la primera comedia romántica producida por un gran estudio de Hollywood (Universal), con temática gay, interpretada por actores gay, pero dirigida a todo tipo de público: cuestiones de mercadotecnia, de un clasismo anticipado, porque ya se han disfrutado de mejores películas en otros casos y tiempos. El hecho de su rápido estreno en otros países y de que no haya sido taquillera en Estados Unidos (medida de éxito para los productores), indica que los resultados no fueron los que se esperaban y al ver la cinta, uno se explica los motivos.


1)    El reparto no es atractivo. Billy Eichner, coguionista junto con el realizador Stoller, es un comediante que carece de carisma. La característica que se consideró cómica para su personaje es la queja constante y el pesimismo: no cree en el amor y así se le dificulta la relación con otras personas, pero en lugar de causar gracia, produce lástima y se vuelve odioso. Hay una secuencia que tiene con Debra Messing (interpretándose a sí misma), que termina siendo inútil y tediosa. Por su parte, Luke Macfarlane posee muy buen físico y cumple con su personaje que no vive abiertamente su homosexualidad, creándole limitaciones. Por desgracia, no se siente la química entre ambos.

 

2)  Al querer mostrar a un público general el significado de la “vida gay” (así, entre comillas), lo que resultaría natural y hasta gracioso, se vuelve antiséptico, desinfectado, sin textura, bajo la consigna de que cualquier persona que no tenga dicha orientación, evite sentirse ofendida. Se han tenido mejores representaciones en otras cintas o series de televisión (la serie original de “Queer as Folk”, por ejemplo, o la fallida y subestimada “Looking”) que en esta película. Hasta se llega al ridículo (hay una escena donde un joven poco agraciado insiste en incorporarse a un trío sexual, que produce pena).


3)  Y el estereotipo usual, acorde con las identidades de género, que viene a ser el equivalente de la “cuota racial” que ahora ya es común en casi todas las cintas de Hollywood. Están las menciones de Cher, Barbra Streisand o la película “Call Me by Your Name”. Uno hubiera esperado que, al ser un guionista gay, evitara todos los lugares comunes (la secuencia de la junta directiva del museo), y se dedicara a crear el ambiente informal, libre, que se pudo disfrutar en la inteligente adaptación de Jane Austen, “Fire Island” hace unos meses, donde también había personajes frustrados o reprimidos, sin llegar al melodrama (en una visita de los padres de Aaron a Nueva York, Bobby se comporta cínicamente para dejar claro su orgullo personal, sin importarle el efecto en su pareja: otra acción ya vuelta estereotipo).

         Se quiso realizar una variante queer de “Cuando Harry encontró a Sally” (Reiner, 1987), pero se quedó en el intento. La cinta es visible, pero no deja de ser una comedieta tonta que bien pudiera haber sucedido en cualquier otra circunstancia. Su fracaso confirma su intrascendencia.

 El director Nicholas Stoller


 

jueves, 20 de octubre de 2022

AL APARENTE FINAL...

HALLOWEEN: LA NOCHE FINAL
(Halloween Ends)
2022. Dir. David Gordon Green.

                   Un año después del reencuentro de Michael con Laurie (Jamie Lee Curtis), donde muriera su propia hija, estamos ahora en el día de Halloween 2019 para un prólogo donde un accidente provoca la muerte de un niño, para que su cuidador, Corey (Rohan Campbell), sea acusado injustamente. Tres años más tarde, cerca de la fecha, nos enteramos de que el joven salió libre pero quedó marcado dentro de la comunidad de Haddonfield, Illinois. Laurie escribe su historia mientras vive ya libre, junto con su nieta Allyson (Andi Matichak), enfermera de consultorio médico, quien comienza a salir con Corey. Éste, al ser confrontado por un estudiante prepotente, es lanzado debajo de un puente donde se encuentra con Michael, quien ha estado escondido en una covacha del drenaje pluvial. Michael no lo ataca, pero le “infecta”. Corey iniciará, junto con Michael, una serie de asesinatos que, definitivamente, tendrá que irse acercando a la persona de Laurie…

                   El aparente final de la saga que nos ha entretenido por más de 40 años desde que el maestro John Carpenter la estableciera en 1978 (aunque en algún momento, Laurie expresará que “el mal toma diferentes formas…”), también cierra la trilogía del realizador Green sobre el tema: “Halloween” (2018) nos reintroducía a Laurie, ya mayor, volviendo a enfrentar a su némesis. “Halloween Kills: la noche aún no termina”, nos mostraba a la familia de Laurie compartiendo la amenaza del mal, así como su paranoia reflejada como fortificación en las afueras de la ciudad. “Halloween: la noche final” (2022) nos trae a Laurie, vuelta a mudar a Haddonfield, resignada por la muerte de su hija, pero cuidando a su nieta. La cinta introduce un giro inesperado: la inclusión del joven Corey, víctima de una broma que tuvo consecuencias fatales, quien queda como alma vulnerable. Al encontrarse con Allyson, ambos jóvenes buscan la manera de protegerse mutuamente, pero la maldición se encuentra vigente. Aunque resulte ilógico (¿qué puede haber de lógico dentro de estas metáforas de la maldad?) que Michael haya pasado cuatro años dentro de una covacha, no deja de ser una representación ya que es omnipresente. Al ser confrontado con el débil y desesperanzado Corey, luego de una humillación, le resulta fácil invadirlo de sus deseos de muerte y exterminio. El mal se infecta, nos propone esta cinta (y sin querer, se vuelve comentario indirecto de lo que nos ha afectado en estos últimos años) y solamente se necesita cierta vulnerabilidad para que logre su cometido. 

                   La historia de amor entre estos dos jóvenes que han sido quebrantados por sus experiencias trágicas viene a ofrecer un aura de esperanza, pero la maldad siempre acecha y su fuerza es más poderosa que otras pasiones. Todos los asesinatos tendrán que irse sucediendo para encaminarse hacia el enfrentamiento entre Michael y Laurie. Sin embargo, hay una toma anterior, donde Laurie mira por la ventana, se da cuenta de que Corey está frente a su casa, en la misma posición que muchos años atrás vio por primera vez a Michael. Así, de manera elegante y simple, la cinta nos transporta al origen (como homenaje a Carpenter), da cuenta de la intuición de Laurie sobre el mal inminente por manifestarse, comienza la angustia y se enciende la alerta. De manera inteligente se establece la dialéctica entre polos opuestos ante la empoderada y ya harta Laurie, junto al infectado Corey y al emblema inmortal. Una resolución satisfactoria en cuanto a la eliminación extrema del cuerpo de Michael Myers, pero no olvidemos que “el mal toma diferentes formas…”.

jueves, 6 de octubre de 2022

VIVIR NUESTRO AMSTERDAM

AMSTERDAM
2022. Dir. David O. Russell.

                  En Nueva York, 1933, el médico Burt (Christian Bale, extraordinario) y el abogado Harold (John David Washington, bastante efectivo) acceden a la petición de la joven Liz Meekins para llevar a cabo la autopsia del cadáver de su padre, recién muerto, para que se enteren que ha sido envenenado, pero antes de poder tomar acción, la joven Liz es asesinada. Acusados como responsables del crimen, los hombres deben buscar la manera de aclarar la situación. En ese momento, Burt, quien ha sido el narrador, recuerda el pasado y la trama se traslada a París, 1918, cuando conoció a Harold en su batallón militar. Al ser heridos, Burt pierde un ojo y Harold sufre lesiones que los llevan al hospital donde conocen a la enfermera Valerie (Margot Robbie, espléndida) quien les atiende y luego introduce en su mundo bohemio y artístico en Amsterdam. Al volver al presente, por la situación en que viven, casualmente reencuentran a Charlotte, como miembro de una rica familia, aunque ahora enferma. Los tres serán quienes seguirán adelante con la resolución del caso.

                   La trama detectivesca sirve como hilo conductor para que Russell utilice un hecho verídico del pasado (el intento fallido de varios empresarios por organizar un golpe de estado contra el presidente Roosevelt, siguiendo los ejemplos fascistas de la Europa bajo Mussolini o Hitler), para comentar sobre los recientes hechos en los Estados Unidos de Trump, con la idea de preservar los ideales democráticos de la nación. Se recrea sin utilizar los nombres verdaderos de sus perpetradores, además de modificar en cierta parte la realidad. La denuncia de cómo el poder sirve para corromper ideales, siempre bajo la idea de incrementar fortunas y propiciar la segregación racial.

                   Sin embargo, más importante resulta el significado de “Amsterdam”, los momentos vividos en esa ciudad luego de haberse sufrido los horrores y consecuencias de la guerra. Valerie es artista que crea cuadros y esculturas y objetos con las esquirlas de la metralla que se incrustaba en los cuerpos de soldados heridos. Además, filmaba con los equipos primitivos de cine, creaba canciones con palabras sueltas. La relación con Burt y Harold se convierte en triángulo amistoso-amoroso (que nos recuerda a la inmortal cinta de Truffaut, Jules et Jim, 1962) en el lugar y la época apropiada: ha terminado la guerra, son jóvenes y pueden disfrutar de la vida. Valerie y Harold se tornan amantes. Burt decide retornar a Nueva York para continuar con su vida de casado.

                   Y son los pequeños detalles de estos personajes, los que complementan esa visión de un mundo hambriento de poder: Burt es médico, cuyos suegros repudian por ser medio judío y atender a veteranos en lugar de enriquecerse. Harold vive en Nueva York al dejar atrás la segregación del sur: de hecho, su relación con Burt resulta de la queja por tener capitanes racistas en los batallones de soldados afroamericanos. Valerie es denostada por su familia al salirse de los cánones de las buenas costumbres. Aparte, hay una pareja de espías, un General retirado, una forense enamorada de Burt. Todos piezas del rompecabezas que se irá uniendo y terminando al final de la película. El reparto es estelarísimo y competente. Robert De Niro sorprende por su contención y versatilidad en el rol del General.

                   Al final de cuentas, hay un discurso de tolerancia. Una exhortación para dejar de atender cosas nimias y pensar en lo que es importante, o sea, el ser humano. A dejar de lado aquello que es un estorbo para encontrar la felicidad, tal como se había experimentado en Amsterdam, de manera libre, sin odios, ambiciones, ansia de poder, o la inútil necedad de meterse en las vidas de los demás. El espectador debe de encontrar su propio Amsterdam.

El maestro David O. Russell 



miércoles, 5 de octubre de 2022

GENERACIÓN Z

 
MUERTE, MUERTE, MUERTE
(Bodies, Bodies, Bodies)
2022. Dir. Halina Reijn.

                   Un grupo de amigos veinteañeros se reúne en la imponente mansión del más rico de ellos, David, para pasar una noche de alcohol, drogas y juegos, mientras ocurre una tormenta. El lugar se encuentra alejado de toda civilización y el único contacto es el internet, el wi-fi, el celular. Sus conversaciones utilizan las frases usuales entre los jóvenes de su generación, la que vive el presente, la que disfruta de la riqueza de sus padres y el mundo se siente a sus pies. Al inicio, vemos a las jóvenes Bee y Sophie mientras se dan apasionados besos, celebrando su relación, antes de dirigirse hacia la mansión. Al llegar, encuentran a David con su novia Emma; a la retadora Jordan quien sugiere cierta atracción hacia Sophie; a Alice quien ha traído a Greg, su novio más reciente, al cual conoció por Tinder y contrasta con los demás porque es cuarentón. Se menciona que están desde el día previo y que los trajo otro amigo, Max, quien se fue luego de tener un pleito con David. Bee es la menos agraciada en lo económico, además de que su aspecto inofensivo y tímido es distinto al de los demás jóvenes. Todo va bien hasta que, al anochecer, deciden jugar a “Bodies, Bodies, Bodies”, donde uno de los participantes, por rifa, resulta ser el asesino designado, sin que nadie más conozca su estatus, quien deberá “matar” a los demás, hasta el aniquilamiento total. Entonces, se va la energía eléctrica y ocurre un asesinato real, como preámbulo de otras tragedias.

                   Mezcla de humor e intriga, estamos ante otra variante al estilo de Agatha Christie (“Diez negritos”) donde el sospechoso se encuentra entre los integrantes de un grupo reducido en un lugar aislado, pero adaptado a la “Generación Z” con sus peculiaridades y formas de pensar. Emma es actriz incipiente. Alice está lanzando un podcast para conseguir seguidores y fama. Dependen de su teléfono celular y están conscientes de su riqueza, por lo que la vida es simple, ya que todo está al alcance de la mano, pero que una vez que se encuentran solos, desconectados, sin esos accesorios cotidianos, que les sirven como refugio y defensa personal de la realidad, impera el caos. Es natural el uso de la droga y, en algún momento, nos enteramos de que Sophie acaba de salir de una rehabilitación. Ese primer cuerpo asesinado da lugar a que comience un enfrentamiento voraz. Será el motivo de que cada uno de los jóvenes, al sospechar del otro, exprese sus verdaderos sentimientos y vaya desenmascarando secretos y perversiones, además de la frivolidad y el descuido que trae consigo esa indolencia propia de su clase, sin que se imaginen circunstancias o consecuencias.

                   Segundo largometraje de la holandesa Reijn, actriz y guionista, ahora en Hollywood, luego del éxito de su título anterior (“Instinto”, 2019, rodado en Francia, visto en plataformas), con un elenco bastante competente, que resulta ser toda una sorpresa. Utiliza al cine de suspenso para generar un retrato, que no moraliza ni critica, de cierto sector de la juventud privilegiada. La fotografía es impecable (de Jasper Wolf, el cinematografista de “Monos”, 2019): la oscuridad dentro de la laberíntica mansión (una toma inicial muestra que es una edificación inmensa) hace que el espectador se sienta dentro del espacio, sin rumbo fijo, sin imaginar su localización interna. Como toda buena película, el guion tiene estructura brillante, los diálogos son divertidos y acordes con lo cotidiano, las implicaciones de lo que está sucediendo hacen que el espectador se emocione, intentando adivinar la verdad y, sobre todo, llega a un final sorpresivo, inesperado, bastante satisfactorio. Una de las mejores películas de este año.

La realizadora Halina Reijn



jueves, 22 de septiembre de 2022

FALACIAS

EL HOMBRE DEL SÓTANO
(L’homme de la cave)
2021. Dir. Phillipe Le Guay.

                   Simón (Jèrèmie Renier), arquitecto judío, vende un sótano de su edificio a un profesor retirado, Fonzic (François Cluzet), como almacén, para que guarde las pertenencias de su madre, recientemente fallecida. El hombre le paga directamente y se efectúa un contrato civil de venta. Sin embargo, Fonzic se muda al sótano, a pesar de que no se había contemplado como vivienda. Simón empieza a investigar sobre el pasado del hombre y descubre que su madre había fallecido diez años atrás y que la salida de la escuela donde enseñaba se debió a las ideas negacionistas y racistas del hombre. Al querer disolver la venta, Simón se encuentra con obstáculos legales. De esta manera, empieza, junto con su familia, a sufrir las consecuencias de la presencia del hombre en su edificio.

                   El realizador Le Guay escribió su guion basándose en un hecho de la vida real que le había ocurrido a un amigo en el pasado. La idea de tratar el asunto del “negacionismo” era interesante y bastante oportuno para los momentos del rodaje, en plena pandemia, ya que surgieron muchas personas negando la existencia del coronavirus, expresando que todo era una conspiración universal. No obstante, este negacionismo parte de la gente que refuta la realidad del holocausto judío. Todas sus variantes se derivan de estas premisas, sobre todo, ahora con la aparición de grupos neonazis, al ir desapareciendo, por el tiempo, los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial. El personaje de Fonzic, por ejemplo, se defiende de sus acusaciones al expresar que solamente hace preguntas que resultan incómodas, por lo que la gente le persigue: de esta manera, se siente víctima.

                   Lo más interesante de esta película es que muestra el efecto de este hombre, y sus ideas, sobre la familia de Simón. Hélène, la esposa de Simón, empieza a sentir temores y acusa a su marido de debilidad, al guardarse todo para sí mismo, sin haber investigado previamente a Fonzic. La hija de ambos, adolescente que se encuentra en la edad de la vanidad (los frenos dentales) y el romance (el enamoramiento hacia un primo), hace que caiga en la facilidad de palabra de Fonzic y también comience a dudar de la perversidad del hombre. Una reunión entre vecinos solamente sirve para que surjan ideas encontradas, que se torna metáfora de la democracia mal entendida. Y todavía, más impresionante, es un comentario que el padre de Hélène expresa al hablar de sus propios problemas: “una familia senegalesa se ha mudado a mi edificio y son un verdadero problema”, para dejar claro que, en realidad, todos somos racistas, en mayor o menor proporción.

                   El hombre del sótano no es una cinta redonda, pero mantiene la atención. Todas las ideas que se han comentado en esta reseña se encuentran dispersas a lo largo de la trama y el espectador tiene que ir atando cabos, atrapando insinuaciones, interpretando señales, para darle mayor sustancia al tema principal del negacionismo. La cinta va avanzando hacia un final precipitado, que deja ambigüedad, queriendo enfatizar la amenaza constante, siempre acechante, de quienes sienten tener la verdad en sus manos y desean convencer con mentiras a una comunidad, para cambiar la historia, para negar un pasado que sucedió. (Algo que vivimos cada día en este México de la 4T). Lo que es muy disfrutable son las presencias de Cluzet y Renier: dos actores que han demostrado su calidad desde muchos años atrás y que aquí no resultan menos satisfactorios.

El director Phillipe Le Guay




martes, 16 de agosto de 2022

SOBREVIVIR POR AMOR

PELEANDO POR MI VIDA
(The Survivor)
2022. Dir. Barry Levinson.

                   Barry Levinson se dio a conocer con Diner (1982), que era un tributo a sus amigos y a su fin de la adolescencia. Luego llegaron, por destacar unos títulos, (y dejando fuera otros muy valiosos), El mejor (1984) acerca de un fenomenal beisbolista. Buenos días, Vietnam (1987) con su comentario de esperanza dentro del desastre que era la guerra en Indochina. Cuando los hermanos se encuentran (1988) que le dio el Óscar al narrar el proceso de comprensión entre un “yuppie” y un autista. Avalon (1990) fue el homenaje que rindió a su propia historia de una familia polaca, judía, que llegaba a Estados Unidos para crearse una nueva vida. Bugsy (1991) mostró el retrato del mafioso que creó a Las Vegas. Los hijos de la calle (1994) o la historia de un grupo de jóvenes víctimas del abuso en un reformatorio que encontraban su venganza. Usualmente, sus cintas suceden en el pasado, como una manera de explicar el devenir de sueños y pesadillas. Sus personajes viven en la duda existencial o dentro del abuso. Así como la presencia de seres que deben de superar obstáculos debidos a los momentos históricos o sufrir sus consecuencias.

                   Con estos antecedentes, se puede explicar su cinta más reciente. A sus ochenta años, Levinson nos brinda una obra de madurez (como todos los grandes realizadores) que sintetiza sus constantes temáticas y vuelve a reflexionar acerca del destino. Tomando como base un libro biográfico acerca del boxeador Harry Haft (escrito por su hijo Allan), Levinson nos lleva a tres momentos definitivos de su existencia: su juventud en el campo de concentración de Auschwitz al cual llegó en 1942, su presente (en la cinta) que ocurre en 1949 previamente a su enfrentamiento con Rocky Marziano. Y un corto prólogo, pero también un trascendente epílogo, en 1963, cuando su vida llega a un cierre emocional y sentimental que le permite darse cuenta de que todos sus esfuerzos por sobrevivir valieron la pena.

                   En 1949, Harry (Ben Foster, absolutamente extraordinario) se obsesiona con la búsqueda de quien fuera su novia, Leah, para saber si logró salir viva del Holocausto. Su deseo de ser boxeador famoso es para que su nombre sea conocido en todo el país, a través de los medios de comunicación: si Leah se entera, será posible que lo busque. El apodo con el cual se le conoce es como “El sobreviviente de Auschwitz”, que le ha dado unas cuantas victorias, pero muchos fracasos. Para que Marziano, futura promesa mundial del boxeo, se interese en pelear con él, le cuenta su historia personal a un periodista. De esta manera, la cinta retrocede alternadamente hacia su vida dentro del campo de concentración, donde un oficial nazi lo protegió, al darse cuenta de su talento boxístico. Por darle privilegios, lo tenía como espectáculo para los militares alemanes en combates que eran de vida y muerte.

 John Leguizamo (izquierda) y Danny DeVito (derecha)

                   Lo que hace que la cinta fluya rítmica y narrativamente, se debe a un estupendo guion que sabe dosificar la información y la construcción de los personajes. No estamos ante la común película de boxeo (aunque posee secuencias cruentas), ni tampoco el enfoque es directamente hacia los horrores del genocidio (aunque no deja de mostrarse el sadismo, el abuso y la repelencia del nazismo), ya que paulatinamente se van revelando las motivaciones de la supervivencia. Con el tiempo llegan los remordimientos, el sentimiento de culpa, las pesadillas constantes, aunque también deberá de existir el proceso de expiación y redención. Cuando parece que la cinta ha cumplido con su trama, todavía quedan cuarenta minutos que irán cerrando los hechos. Se llegará a ciertas ironías temporales, a cosas que no sucedieron porque no estaban destinadas a serlo, a cambio de otro tipo de recompensas. Todo tiene sentido: cada frase importa y el espectador la va comprendiendo según se desarrolla la película. Y las emociones van desde el repudio y repulsión hasta la calidez sentimental y conmovedora.

                   Producida por HBO para presentarse por su plataforma, la cinta está nominada al Emmy como mejor película. No obstante, fue estrenada en el Festival de Toronto, a finales del año pasado, con gran éxito, y por suerte, ahora llega a pantalla grande para ser disfrutada con mayor esplendor. El reparto es de excelencia. Como comenté previamente, Ben Foster ofrece otra de esas actuaciones excepcionales: aumentó y disminuyó de peso, en cantidades considerables, para aparecer demacrado en 1942, fornido en 1949 y ya maduro en 1963, además de prótesis faciales que lo siguen mostrando tan camaleónico como siempre. Vicky Krieps es la mujer que lo consuela, Peter Sarsgaard, el periodista que lo hace famoso y luego le cumple una promesa. En actuación corta, pero contundente, aparecen tanto Danny DeVito y John Leguizamo, además de Billy Magnussen como el abusivo oficial nazi. En uno de sus diálogos, le comenta al debilitado Harry que el problema de su pueblo fue que no supo luchar contra sus enemigos cuando las amenazas se hicieron presentes con Hitler. Esto, aunado a la supervivencia por amor de Harry, todavía le refuerza su esperanza y el anhelo de libertad. Una película que no debe dejar de ser “vivida”.

Ben Foster, Vicky Krieps y Barry Levinson, 
en el Festival de Toronto


jueves, 11 de agosto de 2022

GRAN SUSPENSO

BESTIA
(Beast)
2022. Dir. Baltasar Kormákur.

                            El médico Nate Samuels (Idris Elba, siempre magnético) viaja al pueblo de Sudáfrica de donde era originaria su recientemente difunta esposa. Le acompañan sus hijas adolescentes Mare (Iyana Halley) y Norah (Leah Jeffries). Llegan a la casa de Martin (Sharlto Copley), amigo de la infancia de su esposa, que ahora trabaja como guardia del lugar, quien les lleva hacia una parte alejada, perteneciente a la reserva salvaje, fuera de zona turística. Al llegar a una pequeña villa, encuentran muertos a todos sus habitantes, atacados por un feroz león. Más tarde, ellos serán amenazados por la misma bestia salvaje. Esta es la base argumental de una modesta, pero efectivísima, producción, narrada de manera compacta, plena de situaciones que no se salen de las posibilidades reales, que mantienen al espectador con el alma en un hilo.

                             El viaje se suponía catártico para el hombre y sus hijas. El hecho de que el matrimonio se hubiera separado, sin considerar que la mujer tendría un cáncer terminal, había provocado una serie de reclamos y rencores en sus hijas (sobre todo la mayor, Mare). Ahora, este retorno a los orígenes se buscaba como intento de reconciliación y recomposición de la ruptura familiar. Este contexto servirá para que la unión pueda darse gracias a las variables no controladas por la familia: el encuentro con una bestia, una amenaza cualquiera, que ponga en jaque a la convivencia: puede darse otra muerte.

                            Aparte de la anécdota, hay un comentario sobre la cacería ilegal de leones (que, de hecho, da lugar a un prólogo que más tarde se justificará). Los motivos de la bestia se explican indirectamente ante una manada de leones cuya composición familiar es definida: los machos cuidan de las crías mientras las hembras salen a cazar; la presencia de otro león, ajeno a esta manada, puede producir tremendos pleitos que llevan a su propia aniquilación.

                            El realizador islandés Kormákur ha demostrado su eficiente manejo de la espectacularidad (Everest) o del melodrama íntimo (Reykiavik 101) o de la dosis de suspenso (Contrabando, A la deriva). En esta ocasión, la simple amenaza de un ataque imprevisto, impredecible, mantiene la atención, pero está tan bien dosificado, que la cinta va cerrando cabos, sin que se pierda el ritmo ni el sentido de alerta. Así como la mujer de A la deriva  sobrevivía gracias al recuerdo y la presencia inmaterial de su marido en la inmensidad del océano, en esta ocasión está la vasta sabana africana y la confrontación con el peligro: la familia está vulnerable, puede perderse, así que no queda más que el dulce recuerdo para que Nate logre avanzar y salvarla.

Idris Elba con su director Baltasar Kormákur